viernes, 1 de febrero de 2013


Cap.1: “El hombre que confundió a su mujer con un sombrero”

Empieza contando la historia de un gran músico, y actualmente profesor de música, llamado Dr. P; este señor no sabía diferenciar muy bien las caras, hablaba con los muebles. Pasados tres años se le detectó diabetes por lo cual tuvo que ir al oftalmólogo, que le recomendó que visitase a un neurólogo porque los problemas venían de las zonas visuales del cerebro.
La primera visita al Dr. Sacks fue un tanto rara porque el Dr. P no parecía tener nada en la vista, sólo veía algo raro en él y era que no veía las cosas en su conjunto sino que analizaba detalle por detalle, el Dr. Sacks abandonó un momento la sala para hablar con la esposa del Dr. P y cuando regresó vio al Dr. P mirando por la ventana, lo interesante era que él no veía muy bien pero por los sonidos sabía todo lo que estaba pasando ahí fuera. Después de esto, el Dr. Sacks le hizo unas cuantas pruebas (para los reflejos, le enseñó unas revistas…); tras hacer las pruebas descubrió que el Dr. P no veía muy bien por el ojo izquierdo y sólo se guiaba por el oído; al final de la visita sucedió algo realmente interesante, ciando el Dr. P fue a ponerse su sombrero, en vez de ello, cogió a su mujer e intentaba ponérsela como si ella fuese el sombrero.
Al cabo de unos días, el Dr. Sacks fue a casa del Dr. P para ver como se desenvolvía; siguió haciéndole unas cuantas pruebas, esta vez le enseñó unos cubos, la baraja, un libro de caricaturas, el Dr. P reconocía todo por cualquier rasgo que caracterizaba a esa persona; más tarde, puso una película sin sonido y el Dr. P no fue capaz ni de identificar el sexo de los personajes. La siguiente prueba consistía en enseñarle unas fotos que él tenía colgadas por la casa, sólo reconoció a Paúl (su hermano) porque tenía una mandíbula y unos dientes distintos a los demás. Más tarde, le dio una flor roja y al Dr. P le costó mucho identificarla hasta que el Dr. Sacks le dijo que la oliese y entonces ya dijo muy seguro que era una flor. La última prueba consistía en enseñarle un guante, el Dr. P lo describió como una superficie plegada sobre sí misma y que era un recipiente, pero en ningún momento sabía que era un guante.
El Dr. P era como una especie de ordenador, no reconocía las cosas visualmente, construía un mundo mediante rasgos distintivos y relaciones esquemáticas. Después jugaron al ajedrez y el Dr. P veía muy bien el tablero e incluso ganó al Dr. Sacks.
Se sentaron en la mesa para tomar café y galletas, el Dr. Sacks fue a la cocina con la esposa del Dr. P para hablar con ella y le preguntó que como se vestía, comía…ella contestó que eso lo tenía que hacer canturreando sino perdía el hilo, vio unos cuadros que había pintado el Dr. P y se dio cuenta que conforme pasaba el tiempo los cuadros pasaban de ser naturalistas y realistas a ser abstractos, geométricos y cubistas. Finalmente regresaron y el Dr. P le preguntó que qué era lo que él tenía, y el Dr. Sacks se lo explicó.
A la conclusión a la que llegó el Dr. Sacks era que el Dr. P sólo vivía para la música, por eso tenía tan desarrollado el oído.
Definición oftalmólogo:
http://www.wordreference.com/definicion/oftalm%C3%B3logo

Cap.2: “El marinero perdido (1)”
Cuenta la historia de un señor llamado Jimmie que sólo recordaba de su vida hasta acabar la época de la Marina, contaba su historia como si estuviese sucediendo en el mismo momento, en el presente, el Dr. Sacks salió un momento y cuando regresó Jimmie no le reconocía. El Dr. Sacks procedió a hacerle una serie de pruebas, jugaron a las cartas y Jimmie le ganó, pero al ajedrez no le pudo ganar porque eran movimientos muy lentos y no se acordaba ni de lo que estaba haciendo, le enseñó unas revistas y Jimmie se quedó asombrado por lo que ponían quedaba totalmente claro que Jimmie todavía vivía en el pasado, el Dr. Sacks le vio muy cansado y dio por terminada la sesión. El Dr. Sacks buscó información sobre el pasado de Jimmie, y recibió una carta de dos hospitales en los que Jimmie había estado y una de su hermano (el cuál Jimmie afirmaba que estaba estudiando contabilidad y que salía con una chica de Oregón) pues este señor dijo que él ya se había casado e incluso ya era abuelo, y que llevaba 30 años trabajando como contable, también dijo que su hermano empezó a beber cuando terminó la Marina y que se habían distanciado mucho. Jimmie fue visto por la psiquiatra para que liberase recuerdos reprimidos, pero no consiguió nada. El Dr. Sacks estaba convencido de que Jimmie padecía el síndrome de Korsakov y pidió ayuda a Luria, éste le contestó “un hombre no es sólo memoria. Tiene sentimientos, voluntad, sensibilidad, yo moral…Es ahí, donde puede usted conmoverlo y producir un cambio profundo” esas mismas palabras las recordó Sacks cuando estaba en la Capilla observando a Jimmie que estaba comulgando, y vio que hay había un sentimiento de Jimmie hacia la religión. Entonces comprendió lo que Luria quería decir, en la Capilla era donde Jimmie se encontraba a sí mismo, desde entonces Jimmie trabaja en el jardín del hospital y se ha familiarizado muchos con todo lo que está situado en el jardín, ahora ya no se siente agitado, inquieto, aburrido, perdido, él ahora siente “amor” por el arte, por la comunión…
Definición síndrome de Korsakoff
http://es.wikipedia.org/wiki/S%C3%ADndrome_de_Korsakoff
http://www.yalemedicalgroup.org/stw/Page.asp?PageID=STW025216

Cap.3: “La dama desencarnada”
Nos informa de lo que hizo un señor llamado Sherrington, éste señor dio lugar a la propiocepción que quiere decir “lo que pasa dentro de nuestro cuerpo” (más o menos). Wittgenstein afirmó que el ser humano no es capaz de percibir lo que tiene delante porque ya está “acostumbrado” a esas cosas, en su libro empezó a cuestionarse sobre lo que pasaba dentro de nosotros, si el individuo puede dudar de su propio cuerpo.
La lectura sigue con la historia de una chica llamada Christina a la que le gusta mucho el deporte pero una vez se le detectaron unas piedras en la vesícula y decidió operarse.
El día antes de operarse, Christina tuvo un sueño en el que no se podía mantener en pie ni coger nada, pero el psiquiatra dijo que era normal, pero el sueño se hizo realidad aunque el psiquiatra dijo que eso era “histeria de angustia” y que también era normal. Llegó el día de la operación y Christina no se sentía mejor, se sentía desencarnada. El Dr. Sacks y su equipo le hicieron unas pruebas, no se podían imaginar lo que allí estaba pasando así que llamaron al fisiatra, éste dijo que Christina había perdido el sentido de propiocepción y él tampoco lo había visto nunca. Se aplazó la operación, y Christina preguntó que era lo que le estaba pasando y el Dr. Sacks le explicó todo lo que hasta ahora había averiguado, Christina lo entendió todo, a partir de ahora ella tenía que ser los ojos de su cuerpo. Christina está aterrorizada por las dudas (¿Cómo iba a ser su vida?), pero empezó a moverse, cuando quería mover una parte del cuerpo tenía que fijar la mirada en ella, más tarde, empezó a hacer movimiento más naturales. Al principio Christina se mantuvo casi muda porque no tenía postura vocal natural y lo mismo con la cara. Christina empezó a caminar de nuevo y a hacer las cosas que hacía antes (más o menos) pero su vida no era normal tenía que hacer muchos esfuerzo. A pesar de esto, se seguía sintiendo desencarnada; ahora la sociedad le trata como a una farsante. A veces se pone histérica y grita, no sabe como ha podido llegar hasta esa situación. El Dr. Sacks leyó algo acerca de un tal George Dedlow, que parecía sentir lo mismo que Christina, ósea no tener “yo”. A Christina le gusta mucho pasear en coches descapotables porque es en el único sitio que recuerda que tiene brazos y cara (porque siente el aire). Su situación es “wittgensteiniana”, no ha recuperado la propiocepción, como Wittgenstein habría dicho: “Christina ha triunfado pero también ha fracasado. Ha conseguido el obrar pero no el ser. Ha mejorado mucho porque ha conseguido derrotar obstáculos y dificultades inconcebibles y ha sobrevivido, pero no ha conseguido quitar esas sustituciones y esas compensaciones del Sistema Nervioso, sigue estando enferma y derrotada”. (Christina fue la primera con esta “enfermedad” pero hoy en día hay muchas personas que también han perdido la propiocepción y la mayoría ha ingerido vitamina B6 o lo que es lo mismo piridoxina).
Definiciónes :
http://es.wikipedia.org/wiki/Propiocepci%C3%B3n

Cap.4: “El hombre que se cayó de la cama”
Narra la historia de un joven, al que acababan de ingresar en un hospital, una enfermera llamó al Dr. Sacks y le explico que el joven parecía muy normal pero cuando se adormeció un momento y despertó empezó a chillar y no paraba de mirar la pierna izquierda, el Dr. Sacks fue a verle y estuvo ablando con él, éste chico se empeñó en que aquella pierna tan “horrenda” no era suya, y le dijo al Dr. Sacks que se había caído cuando intentó sacar esa pierna de la cama, y que no sabía cómo al tirar la pierna se había ido él también. Estaba convencido de que aquello debía de de ser una broma que le había gastado alguna enfermera, lo único que él tenía claro es que esa no era su pierna. El Dr. Sacks le preguntó que si esa no era su pierna, que dónde estaba su pierna realmente, el joven dijo que no la encontraba, que se había perdido. (Después de esto el Dr. Sacks recibió una carta de un neurólogo llamado Michael Kremer en la que le contaba un caso parecido que él había atendido).

  Cap.5: “Manos”

Madeleine J. ingreso en el St. Benedit` Hospital, cerca de Nueva York en 1980. Tenia 60 años, ceguera congénita con parálisis celebrar y su familia le había cuidado en casa durante toda su vida. Tenía movimientos involuntarios de ambas manos, a lo que se añadía un fallo en el desarrollo de la vista Sacks esperaba hallarla en un estado de retraso y regresión.
Pero no fue así, más bien lo contrario. Era una mujer animosa de cultura e inteligencia excepcional.
El Dr. Sacks le preguntó si había leído porque sabía demasiado y ella le contestó que no, que a ella releían. La señora Madeleine decía que sus manos eran unas masas miserables e inútiles de pasta y que no las sentía como parte de ella.
Aunque la parálisis cerebral no suele afectar a las manos las de la señorita J. eran ligeramente atetósicas y espasmódicas, la señora J. identificó de inmediato y correctamente el dolor, la temperatura… No había ningún trastorno en la sensación elemental, pero había un profundísimo trastorno de la percepción. No era capaz de reconocer o identificar nada: El Dr. Sacks le puso en las manos muchos objetos, no podía identificar y no exploraba, sus manos eran, tan inactivas, tan inertes, tan inútiles, como bien decía la señora J. masas de pan.
El Dr. Sacks no veía la explicación. Pensó que eso se debía a que no las había utilizado nunca porque había estado mimada, cuidada y protegida desde su nacimiento, si era así pero ¿podría aprender ahora la señora J. a usarlas?
Se había descrito, o intentado, algo así alguna vez? No sabía si había pasado alguna vez algo así y se acordó del libro Leont'ev y Zaporozhets, en el caso de Madeleine el fenómeno era idéntico (inutilidad, falta de vida, alienación) necesitaba recuperar las manos, descubrirlas por primera vez ¿Era esto posible?
Madeline preguntaba que como iba a poder hacer cosas con las manos
También hay siempre algo súbito: un primer paso, un primer movimiento, una primera percepción, un primer impulso, total, donde antes no había nada o nada con sentido. En el principio es el impulso pero no podían decirle ¡hazlo! y ella hacerlo. El Dr. Sacks pidió que la comida se le pusiese más lejos y un día pasó Madeleine estiró un brazo, tanteó, cogió una rosca de pan y se la llevó a la boca. Tras esto el progreso fue rápido ahora espoleada por un hambre nueva, se lanzaba a explorar, a tocar, el mundo entero. La rosca de pan la identificó como un pan redondo con un agujero en medio; un tenedor como un objeto plano alargado con varios dientes agudos. Pero luego este análisis dio paso a una intuición inmediata, y fue reconociendo los objetos instantáneamente como lo que eran, como inmediatamente familiares por su carácter fue reconociéndolos inmediatamente como únicos. Y ese tipo de reconocimiento, no analítico sino sintético e inmediato, vino acompañado de un gozo intenso y de la sensación de que estaba descubriendo un mundo lleno de magia, de misterio, de belleza. Cada vez Madelaine tenía más ganas de tocar cosas nuevas, hizo figuras con barro…. Empezó a mostrar interés por la figura humana, Madelaine era una gran artista ciega, ahora se dedica a hacer esculturas. Esta historia dejó asombrados a todos e incluso a ella misma.

Cap.6: “Fantasmas”

Empieza con la distinción de varios tipos de fantasmas que hizo el señor Weir Mitchell; éste dijo que habían muchísimos tipos y citó los más importantes como: espectros sensoriales, unos que eran muy reales, dolorosos, también habían indolorosos, otros que parecían replicas de lo perdido…. Más tarde cuenta algunas historias que han sucedido y que contienen en ellas “objetos fantasmas” como la del dedo (un marinero perdió un dedo y su dedo le persiguió muchos años hasta que a este paciente contrajo una neuropatía diabética sensorial grave y perdió la sensación de poseer dedos n ese momento el dedo fantasma desapareció), fantasmas posicionales (cuenta la historia de Charles D. que se caía muy a menudo porque sentía que su pierna (bueno la que le habían puesto) cada vez era más larga y luego corta, delgada y luego ancha y sino fijaba la vista en los pies se caía) y contó muchas historias de pacientes a los que le sucedían cosas con sus miembros fantasmas.

Cap.7: “A nivel”

Cuenta que un señor llamado MacGregor se inclinaba hacia el lado izquierdo pero él no se daba cuenta, este señor fue a la clínica St. Dunstan's y fue atendido por el Dr. Sacks, entre los dos vieron el problema y hablaron sobre el nivel que tiene el cerebro, del que carecía el Sr. MacGregor porque tenía parkinson y esta enfermedad afectó a dicho nivel, a este señor se le ocurrió ponerse un nivel fuera del cuerpo y cerca de la vista para poder ver cuando se inclinaba y corregirlo, y él y el Dr. Sacks se pusieron a trabajar en esas “gafas con nivel”, el experimento funcionó perfectamente, al principio era algo incómodo pero luego ya miraba el nivel automáticamente. Más tarde, muchos otros pacientes que tenían parkinson las usaban.

Cap.8: “¡Vista a la derecha!”

Trata de la señora S. que no sentía el lado izquierdo de su cuerpo ni de su rostro, ella sólo comía la mitad del plato de comida o sólo se maquillaba la mitad derecha de su cara (padecía de hemidesatención) pero esto se acabó cuando a la señora S. se le ocurrió ponerse una silla de ruedas giratoria y dar vueltas hasta encontrar la parte izquierda, después el Dr. Sacks le puso una cámara de video para que viese el lado izquierdo de su cara como si fuese el lado derecho pero no resultó porque era muy incómodo debido a que la señora S. no sentía nada en su lado izquierdo.

Cap.9: “El discurso del presidente”

Un buen día, el presidente fue a dar un discurso en la clínica donde estaban todos los afásicos (personas que sufren trastornos en el lóbulo temporal izquierdo), éstos no paraban de reírse, y es que a una persona que padece de afasia no se le puede mentir con palabras porque no las entienden, ellos se fían de lo gestos, del tono de voz… para entender lo que se les está diciendo, y el presidente mentía tanto con sus palabras (ya que es muy fácil) pero con los gestos no les podía mentir (porque resulta muy difícil ya que salen sin ser “pensados”). En el libro hace la comparación entre un perro y un afásico, dice que en este caso los dos son muy parecidos porque ninguno entiende de palabras y se guían por los gestos. Más tarde nos habla de lo pacientes con agnosia total (pacientes (tienen trastornado el lóbulo temporal derecho) totalmente opuestos a los que padecen afasia porque carecen del sentido de la expresión y del <<tono>>, pero que conservan la capacidad de entender las palabras) que en el discurso sólo podían fijarse en los movimientos del presidente, y aquí el caso de Emily D. que estaba perdiendo la vista muy rápidamente y no podía concentrarse tanto como antes en los movimientos, ella propuso que los que hablasen con ella lo hiciesen en prosa, el presidente no hablaba en prosa, por tanto, no convenció a Emily. A todos los seres humanos se nos puede engañar con las palabras.